miércoles, 23 de julio de 2014

Espléndido Splendide Hotel

El luminoso del exterior no hace posible adivinar la sorpresa que nos encontraremos en el interior. Splendide Hotel es un verdadero viaje al pasado, concretamente a 1887, año de construcción del Palacio de Cristal, el espacio habitado por la instalación de Dominique Gonzalez-Foerster (Estrasburgo, 1965) y también año de apertura del hotel homónimo, a orillas del Lago Lugano.

Al Palacio de Cristal del Retiro, uno de mis lugares preferidos de Madrid y que alberga exposiciones de arte contemporánea con frecuencia excelentes, le faltaba, sin embargo, algo. Y Dominique Gonzalez-Foerster ha sabido restituírselo, dotándolo de mayor magia y encanto, si cabe. La artista francesa, que asegura no estar ya tan interesada por los cubos blancos, ha comprendido a la perfección el Palacio de Cristal: su intervención artística transforma esta arquitectura de hierro y cristal, ya de por sí bellísima o, mejor dicho, descubre su verdadera esencia, pues bien parece que el Palacio hubiese sido creado para esta obra. El edificio decimonónico, construido con ocasión de la Exposición de las Islas Filipinas y deudor del londinense Crystal Palace de Joseph Paxton, mira ahora a su pasado y, émulo de los balnearios de finales del siglo XIX y principios del siglo XX, invita a la relajación y a la calma, al recogimiento.

Splendide Hotel fusiona a la perfección continente y contenido. El Palacio está ahora poblado por hermosas mecedoras Thonet, dispuestas por parejas o de manera individual, para que el espectador decida si desea o no compartir su experiencia con alguien cercano. Sobre cada una de ellas descansa un libro, una bibliografía selecta elegida por la artista, gran amante de la literatura. Invitan a sentarse, a dejarse acunar y sumergirse en la lectura, iluminados por la luz natural que entra a raudales a través de los cristales y contemplando el lago, escuchando el sonido de los pájaros (si el espectador tiene suerte y ese día no hay mucho público o éste, para variar, es respetuoso y guarda el silencio casi sagrado que requiere el perfecto disfrute de toda obra artística).




La obra de Gonzalez-Foerster nos permite alejarnos del mundanal ruido, dejar de lado los teléfonos móviles y demás tecnologías, olvidar por un momento las prisas y relajarnos, abandonarnos totalmente al dolce far niente y salir de allí como regenerados, deseando que esta instalación efímera permanezca para siempre en este lugar.











Dominique Gonzalez-Foerster, Splendide Hotel. Palacio de Cristal del Retiro.
Hasta el 19 de octubre de 2014






lunes, 17 de diciembre de 2012

Imogen Cunningham y la extraordinaria belleza de las cosas ordinarias


Three dancers, Mills College, 1929

Dicen que la belleza está en los ojos de quien la mira y, contemplando la excelente exposición antológica de Imogen Cunningham -1883-1976- (la muestra, la más completa dedicada a la artista, se puede contemplar en la Sala de Exposiciones AZCA de la Fundación Mapfre hasta el 20 de enero de 2013), me di cuenta de cuánta belleza había en los ojos de esta fotógrafa, una esteta que miraba el mundo a través del objetivo de su cámara y cuyas fotografías nos descubren la poderosa y simple hermosura que subyace incluso en las cosas más sencillas y, aparentemente, más banales. Viendo estas imágenes, me vino a la mente la genial escena de la bolsa de plástico de la película "American beauty".

Imogen había nacido para la fotografia, pues poseía un talento innato, curioso y un ojo certero para los encuadres. Muy longeva (vivió hasta los 93 años), desde el momento en que descubrió la fotografía, en 1906, no cesó de capturar instantes con su cámara. Su frase "la fotografía para mí es tan maravillosa que, incluso hoy, es como si jamás hubiese visto una fotografía", define a la perfección la inagotable pasión de Imogen, que la llevó a experimentar durante toda su vida con diferentes motivos y técnicas. Fotografiaba todo, desde arquitectura y paisajes urbanos, hasta flores y plantas, personas y paisajes naturales. Todo despertaba la curiosidad de la genial fotógrafa, incluso algo aparentemente tan simple como un charco, motivo que origina una de las obras que más me han cautivado de la exposición: Reflection at Sudbury Hill, England, 1960. Sus fotos, sea cual sea el sujeto protagonista, destilan una inusitada belleza.

Gran retratista, Imogen Cunningham conseguía captar en sus obras la personalidad de los retratados, su esencia. Sus retratos están dotados de una gran vivacidad y espontaneidad; transmiten tanta fuerza que, mirándolos, he comprendido por qué los indios creían que la fotografía robaba el alma. Fascinante el retrato de Paul Burlingame, con su insólito encuadre que resalta dos zonas tan potentes y expresivas como son las manos y los ojos.

Paul Burlingame, 1953


En la muestra se puede ver una fotografía del jardín de la artista, un vergel con muchas "modelos". Imogen realizó, de hecho, numerosas fotografías de flores y plantas, retratos sobre fondo neutro, característico del género pictórico, que hace resaltar el sujeto. Cada flor es única y sorprenden la sensualidad, carnalidad y erotismo que éstas destilan.

Bellísimas, así mismo, son las fotografías de bailarines. Cuerpos perfectos, pasos de baile congelados en el tiempo, pura estética y armonía.

Es siempre un regalo disfrutar de la contemplación de la belleza e Imogen Cunnigham nos proporciona, no sólo el placer de contemplar unas maravillosas fotografías, sino también las claves para mirar a nuestro alrededor con otros ojos. La belleza está en todas partes; sólo es necesario saber verla.

sábado, 4 de agosto de 2012

Disillusion, Miao Xiaochun

Entre los trabajos en muestra en PhotoEspaña 2012, me ha fascinado Disillusion, la obra de video-arte de Miao Xiaochun (Wuxi Jiangsu, China, 1964), que se puede ver hasta el 5 de agosto en la Sala Alcalá 31.

El gran lirismo y belleza de las imágenes y la música sublime de la Pasión según San Mateo, de Bach, contrastan con el pesimismo del mensaje que transmite el video de animación.  Delicada y potente al mismo tiempo, hermosísima y carente de esperanza, la obra dialoga con la historia del arte occidental. Los dibujos se inspiran en Miguel Ángel -Juicio Final, Piedad- y en Friedrich -Viajero en un mar de niebla- y narran la irremediable caída del ser humano.

Un hombre que, como un funambulista, camina entre dos rascacielos, metáfora de la contemporánea lucha por la supervivencia; un portaaviones; el fondo del mar como purgatorio y, finalmente, la Piedad. La Piedad, que claramente evoca la de Miguel Ángel, no sigue la tradición cristiana; toma de ésta el símbolo, del que hace una nueva lectura. La Piedad es ahora masculina, es un hombre quien sostiene en su regazo el cuerpo yacente, que se atomiza, desaparece. Por momentos pensamos que podría haber una redención a través de la belleza, pero no es así. No hay salvación ni resurrección; la ilusión se desvanece en las manos de quien sostiene al irredimible ser humano, o a lo que queda de éste.
Desilusión por lo que pudimos ser y no fuimos. Nos quedamos en nada, preguntándonos quiénes somos.

miércoles, 7 de marzo de 2012

"The artist", la obra maestra reconocida

"The Artist" enamora, fascina, encandila. Es diferente, delicada, divertida, sensible, bellísima. Faltan las palabras para describir esta obra maestra. O, para ser más precisos, sobran: "The Artist" es, de hecho, paradigma de la frase "una imagen vale más que mil palabras".

Michel Hazanavicius, director y guionista de la película llevaba años soñando realizar una película muda. Al hacer, finalmente, realidad su sueño, Hazanavicius ha logrado hacernos soñar a todos, transportarnos a otra época. Un tiempo en el que había menos medios y más imaginación, en la que ir al cine se convertía en un acontecimiento excepcional, en el que los actores protagonistas eran galanes y las actrices rezumaban glamour y charme. 

Viendo la película me ha entrado una gran melancolía. Me ha venido a la memoria cuando en mi ciudad natal, Gijón, acudíamos al cine e íbamos al María Cristina, al Robledo o al Arango. Cuando veíamos las películas en cines históricos, con encanto y personalidad y donde te sentías importante si tu localidad estaba situada en los palcos. En este caso, cualquier tiempo pasado sí fue mejor y, lo confieso, me habría encantado que hubiesen sobrevivido los cines de antaño, tristemente sustituídos por anodinas salas carentes de personalidad y estilo, con frecuencia situadas en centros comerciales.

"The Artist" ha sido para mí una gratísima e inesperada sorpresa. Excelente guión, dirección e interpretación impecables, una estupenda banda sonora y algunas escenas que creo pasarán a la historia del cine. Jamás escuché tanto silencio en una sala cinematográfica, tan atrapados como estábamos todos los asistentes. Durante 98 deliciosos e inolvidables minutos, nos transformamos en el público de los felices años 20 y los no tan felices años 30, reímos, lloramos y nos dejamos seducir por esta maravillosa película. Tan inmersos estábamos en ella que, como se hacía en pasado, aplaudimos emocionados con el "The End".

domingo, 12 de febrero de 2012

ESCRITO EN LOS CUERPOS CELESTES


Es siempre un placer pasear por el Retiro, especialmente en días soleados. Lo es más aún cuando, en una luminosa y gélida jornada invernal, te sorprende un fabuloso cielo estrellado. Adentrándonos en el hermoso Palacio de Cristal, como por arte de magia, nos encontramos sumidos en un oxímoron, una bellísima y sugestiva irrealidad, gracias a la instalación que Soledad Sevilla (Valencia, 1944) ha concebido específicamente para este edificio. 


Improvisamente estamos en el epicentro de una constelación particular. Es como tumbarse sobre la hierba a contemplar las estrellas en un lugar sin contaminación lumínica, allí donde se aprecia y disfruta en su plenitud el espectáculo nocturno de un despejado cielo cuajado de estrellas. La instalación, de un intenso azul Klein (ese azul increíble que tanta energía transmite), llena el Palacio de Cristal de cuerpos celestes que, paradójicamente se aprecian en todo su esplendor bajo la luz del sol. La malla de signos tamiza la  luz solar formando una suerte de vidriera contemporánea. Al mismo tiempo, deja translucir, o adivinar, los arcos de la estructura del edificio que acoge la instalación, en un ejercicio exquisitamente estético, delicado y único.    


El título de la obra lo dice todo: "Escrito en los cuerpos celestes". Soledad Sevilla transforma el Palacio de Cristal en una especie de observatorio astronómico mental. El universo que recrea la artista está hecho de signos (exclamaciones, paréntesis, interrogaciones), porque, en efecto, cuando contemplamos el cielo estrellado, hacemos un ejercicio de introspección : pedimos deseos, formulamos preguntas, reflexionamos, añoramos... El firmamento estrellado invita al silencio, a la reflexión, al detenimiento. ¿Quién de nosotros no ha soñado, llorado o anhelado bajo el infinito cielo nocturno? 


Soledad Sevilla nos regala una experiencia mágica, una personal reintrepretación del maravilloso espectáculo de la naturaleza, de una belleza tal que entran ganas de ponerse a danzar bajo las estrellas, en una soleada mañana invernal. 


















Soledad Sevilla. "Escrito en los cuerpos celestes". Palacio de Cristal del Parque del Buen Retiro, Madrid. Hasta el 29 de abril de 2012.

martes, 31 de enero de 2012

Leonardo da Vinci: Pintor en la Corte de Milán

Merecieron la pena el madrugón y las largas horas de cola sufriendo el húmedo frío invernal de mi adorada London, un soleado sábado por la mañana. Londres es más bonita, si cabe, cuando luce el sol y sus calles están aún desiertas por la hora temprana.

Decididamente, ése fue uno de mis días de suerte. Viajé a London con el propósito de visitar la exposición de Leonardo en la National Gallery. Los billetes en venta por internet se habían agotado hace más de un mes, así que la única opción era madrugar e ir al alba a hacer la cola, para tratar de estar entre los afortunados doscientos primeros que conseguirían adquirir sus entradas. Pese a llegar prontísimo y que faltasen más de dos horas para la apertura de las taquillas, las entradas ya estaban agotadas. Quiso, sin embargo, sonreírme el destino: en la cola del baño de una cafetería situada frente a la National Gallery conocí a una chica que fue mi "hada madrina", quien me proporcionó la "llave" para acceder a esa exposición excepcional e irrepetible, la mayor muestra de Leonardo realizada hasta ahora. Tess llevaba haciendo cola dos horas más que yo y ella sí había logrado estar en el grupo de los "elegidos" y como vendían un máximo de cuatro entradas por persona y ella y su amigo iban a sacar sólo una para cada uno, me hicieron el "regalazo" de permitirme unirme a ellos en la cola. Da gusto encontrar gente amable y dispuesta a ayudar. 

Me sorprendió y llenó de regocijo ver que eramos tantos los locos por el arte, numerosísimos quienes nos refugiábamos en la contemplación de obras maestras.

La exposición de la National Gallery era una ocasión única para contemplar uno de los períodos más destacados del genio italiano, el que Leonardo pasó en la Corte de Milán, al servicio de Ludovico Sforza "il Moro", entre 1482 y 1499. Una excelente muestra que permitía un acercamiento al arte del Maestro, con pinturas y dibujos de su propia mano, que compartían espacio con obras de sus discípulos. Por primera vez se exponían juntas las dos versiones de la Vírgen de las Rocas (personalmente prefiero la primera versión de la misma, que se encuentra en el Louvre). Sala tras sala nos sorprendía la maestría de Leonardo, su intensa fuerza creadora, su innata curiosidad por innumerable temas, su interés por la psicología de los retratados, su estudio del natural, su fascinación por la belleza perfecta y, también, por la perfecta fealdad, polos contrapuestos y complementarios de la estetica leonardesca. Sus dibujos, de una extraordinaria belleza, testimonios de su naturalidad para expresar sus ideas y pensamientos a través de rápidos y certeros trazos. 

De nuevo he podido disfrutar de la delicada y bellísima Dama del Armiño (mi retrato femenino favorito de cuantos realizó Leonardo), que compartía sala, como si de una competición de belleza se tratase, con  La Belle Ferronnière, del Louvre. Ocasión única, así mismo, para ver la única reproducción contemporánea a idéntica escala de la original, de La Última Cena de Leonardo, realizada por Giovanni Pietro Rizzoli "Giampietrino", que nos descubre los colores leonardescos antes de los estragos causados por el paso del tiempo y por la técnica utlizada por Leonardo -éste detestaba trabajar velozmente, cosa que la pintura al fresco requería, por lo que en la obra eleborada para el Cenáculo de Santa Maria delle Grazie, en Milán, experimentó una nueva técnica que le permitía trabajar a su ritmo (y no "a giornate" como ocurría con el fresco), recurriendo al temple y al óleo sobre dis capas de preparación de yeso extendidas sobre el enlucido. Acompañando e ilustrando la reproducción, bocetos de Leonardo para los distintos personajes de la Última Cena, entre los que destaca un hermosísimo estudio de San Felipe.

Leonardo, tan viajero y tan curioso, tan ansioso de volar, voló a la capital del Reino Unido para deleite de un público ávido de belleza y genialidad. 

Por fortuna, en este nuevo Medievo que es el siglo XXI, la serenidad y cultura renacentistas nos ayudan a evadirnos y nos regalan unas horas de hermosa armonía.  

sábado, 10 de diciembre de 2011

El Hermitage en el Prado

"Si Mahoma no va a la montaña, la montaña va a Mahoma"(confío en que en estos tiempos revueltos y de ánimos susceptibles, mi citación no dé lugar a polémica alguna).
Siempre he deseado viajar a la majestuosa y cultísima San Petersburgo, ciudad que en mi imaginario se me antoja bellísima y única, una especie de perla en el frío noroeste ruso, una joya apodada "la Venecia del norte", el capricho de un zar que amaba Europa y que quiso construir una ciudad de inspiración europea en Rusia. La maravillosa película "El Arca Rusa", de Alexandr SoKurov (2002),  fue mi primera visita imaginaria al Hermitage, orgullo de la ciudad del Neva. La excelente exposición del Museo del Prado, organizada en ocasión de la celebración del Año Dual España-Rusia, me ha transportado nuevamente al Hermitage y ha reafirmado e incrementado mis deseos por conocer este gran museo.
La era de la globalización, además de traernos los viajes low-cost, que tienen sus pros y sus contras, ha abatido las fronteras del arte, ofreciéndonos degustaciones de parte de las colecciones de museos e instituciones que, otrora, quedaban fuera de nuestro alcance y que sólo podíamos disfrutar viajando.
Hoy, paseándome por las diferentes salas de nuestro Museo del Prado que albergan una selección de obras del Hermitage, me he imaginado e incluso visto deambulando por las majestuosas salas neoclásicas del Hermitage. El mejor museo de España y la mejor pinacoteca del mundo, fruto del glorioso pasado de nuestro país y del amor por el arte de nuestros monarcas, es una sede sin igual para exponer las colecciones de Pedro I el Grande, Catalina II la Grande y Nicolás I, que fueron quienes más contribuyeron al desarrollo del conjunto palatino y museal del Hermitage. Reflejo de un pasado de riqueza, gran cultura y un profundo amor y admiración por cuanto venía Europa, en la muestra "El Hermitage en el Prado" podemos contemplar una importante selección de pinturas, dibujos y esculturas que van del Barroco a las Vanguardias europeas del siglo XX (fruto de la nacionalización de las grandes colecciones de arte privadas de Rusia, tras la Revolución de 1917). La exposición es como una wunderkammer que nos sorprende con tesoros de lo más dispares, que obedecen a las amplias miras y gran curiosidad y erudición del esplendoroso pasado de Rusia. Caravaggio; Monet;  Bellotto; Rembrandt; Van Dyck; Friedrich (mi adorado Friedrich y su "Salida de la luna: dos figuras masculinas en la orilla"); Picasso; Matisse; Kandisky; esculturas de Canova, una maqueta preparatoria de El Éxtasis de Santa Teresa, de Bernini; bellísimas piezas de joyería escita y griega; una selección de obras de artes decorativas occidentales y asiáticas, entre las que destacaría una arqueta china en plata, con una exquisita y fina filigrana y un sable con vaina iraní, de mediados del siglo XIX, cuajado de piedras preciosas. Para rendir aún más real nuestro viaje imaginario, en la exposición podemos contemplar incluso dos magníficos trajes de época: un vestido cortesano de ceremonia de la segunda mitad del siglo XIX, realizado en terciopelo carmesí y raso blanco, y un uniforme general de Guardia de Corps del Regimiento de Húsares, de la primera mitad del siglo XIX.
Siempre he dicho que si llegase al cielo y encontrase una cola de horas me iría derecha al infierno. En este caso no es así: la cola, que se puede evitar comprando el billete con antelación, ha merecido la pena y me ha transportado directamente al Paraíso que, para mí, es un lugar repleto de arte y de belleza. Como con un buen libro, que una desearía no acabar, he salido de la exposición con ganas de más, hambrienta de maravillas como ésta.

domingo, 7 de agosto de 2011

Cristina García Rodero, Transtempo

Magnífica la exposición de la "magnífica" Cristina García Rodero (ha sido primera española que ha entrado a formar parte de la prestigiosa agencia internacional fotoperiodística Magnum), en muestra en el Círculo de Bellas Artes hasta el 2 de octubre.

Comisariada por Miguel von Hafe y María José Villaluenga, la muestra es una producción de Centro Galego de Arte Contemporáneo (CGAC), en cuyas salas se exhibió hasta el pasado mes de febrero.

El título de la exposición "Transtempo", literalmente "más allá del tiempo",  define a la perfección el discurso de la misma. La muestra reúne tres décadas de trabajo de García Rodero, quien, desde 1974, fotografió una Galicia atemporal, una Galicia profunda, oscura, fuertemente religiosa y supersticiosa, una tierra donde se entrelazan el fervor católico y el paganismo.

Sus fotos sorprenden y extrañan porque parecen de un pasado remoto, pese a que muchas sean de fecha reciente. Esas imágenes de ancianas con pañoleta y vestidas de luto de la cabeza a los pies, se nos antojan lejanas en el tiempo. Basta, sin embargo, dejar atrás las ciudades y adentrarse en la España profunda para hacer un viaje temporal, a la vez que físico.  La fotógrafa captura otra realidad de nuestro país, de esa otra España, esa España profunda, donde parece haberse detenido el tiempo. No obstante la temática, las fotografías de Cristina García Rodero son fuertemente estéticas, bellísimas. Sus fotografías en blanco y negro transmiten en muchos casos la belleza del esperpento, de los rostros cincelados por el tiempo, de esa España Negra que a finales del siglo XIX plasmaron en un libro homónimo Regoyos y Verhaeren.

Hay, por otra parte, una dicotomía en la exposición, una dualidad que es parte de la vida misma: muchas fotografías tienen como sujeto el tema de la muerte, tan dramático, sobre todo cuando se trata de niños; otras muchas son pura vida. Acomuna a ambas el pathos, la emoción -la otra fuerza que regula el ánimo humano junto con el logos (la parte racional)-, tan característico de las sociedades donde la religión y la superstición ocupan un lugar preponderante. La fuerza de las instantáneas de García Rodero se debe a que consigue capturar todo ese sentimiento y trasmitirlo al espectador. Sus fotografías son un hermoso y potente estudio sociológico y antropológico.



sábado, 6 de agosto de 2011

Polonia, Tesoros y Colecciones

Es indudable que el arte consigue transportarnos a otro tiempo y a otro espacio. El arte y la cultura son, sin duda, embajadores de primera, contribuyendo sobremanera a promocionar la imagen nacional en el exterior. La magnífica expocición "Polonia. Tesoros y Colecciones Artísticas", en muestra en el Palacio Real de Madrid hasta el 4 de septiembre cumple a la perfección con su labor diplomática, trayendo a España sus tesoros artísticos, recreando su pasado esplendor y haciéndonos desear preparar las maletas e ir a visitar todos los rincones del país.

El viaje imaginario comienza en la primera sala, donde nos recibe un video con imágenes de los monumentos más relevantes de Polonia y el bellísimo Nocturno de Chopin op.9 n.2

http://www.youtube.com/watch?v=qjKqy9lA_YQ

Es la primera vez que se presenta en España una exposición sobre el patrimonio histórico-artístico de Polonia y el debut es inmejorable. No se me ocurre un marco mejor para acoger esta maravillosa exposición: un palacio de ensueño acoge el esplendor de Polonia, con obras europeas y polacas de del Renacimiento al siglo XVIII. Sorprende gratamente el excelente montaje expositivo: la claridad del discurso y la elegancia con que se exhiben las obras de arte y objetos.  Tan armoniosa es la convivencia entre contenedor y contenido, que parece como si algunas obras hubiesen estado allí dispuestas siempre; es el caso del retrato de Eleonora Maria Wisniowiecka, que cuelga sobre una chimenea de marmol, uno de los espacios predilectos para disponer retratos. Una fastuosa lámpara de araña pende sobre la vitrina negra que custodia las preciosas monedas conmemorativas, las cuales parecen flotar suspendidas en el aire. Bellísimos los objetos de armería, en particular el impresionante uniforme de húsar, con sus magníficas alas, el Escudo Profético del Rey Juan III Sobieski o la Montura de Parada, realizada por un taller armeno de Luov. Tan lejos y tan cerca, recorriendo las distintas salas aprehendemos la identidad polaca, la influencia europea y la oriental -fruto de la situación geográfica del país-, que forjaron y enriquecieron su cultura.

Las dos últimas salas nos reservan lo mejor de la exposición, dos obras maestras: la Niña en un marco, de Rembrandt y la Dama del Armiño, de Leonardo, uno de los cuatro retratos femeninos realizados por el genio de Vinci y estrella absoluta de la exposición. A este tesoro se le  ha reservado una sala, de manera que podamos deleitarnos y contemplarla con total dedicación. Como por arte de magia, todo invita a dejarse transportar por tanta belleza. El Nocturno de Chopin que se escucha nuevamente, en la lejanía, y el gran marco color burdeos que enmarca y resalta el protagonismo del retrato de Cecilia Gallerani, la joven culta y hermosa amante de Ludovico Sforza, "Il Moro".  Leonardo presenta a la joven vestida a la moda española, esbozando apenas una sonrisa -algo muy característico de los retratos leonardescos- y sosteniendo en sus brazos un armiño blanco, símbolo de pureza, pero también alusión a su amante Ludovico Sforza -en cuyo emblema estaba el armiño- y al apellido de la propia Cecilia -ya que podría tratarse de un retruécano de su apellido, pues en griego armiño se dice galé.

Esta obra maestra, perteneciente a la Familia Czartorysky -una de las más poderosas de Polonia- desde 1978, se exhibe en el Museo Czartorysky, en Cracovia.  El amor por esta pintura, que por circunstancias históricas ha vivido  numerosas peripecias, se ha transmitido de generación en generación y su actual propietario, el Príncipe Adam Karol Czartorysky, a la pregunta de un periodista sobre el valor de esta obra respondió "si la pierdo me muero. Ese es su valor". Efectivamente, no todo tiene precio y cuando amamos algo, no queremos perderlo.


PS.-Es la primera vez que La Dama del Armiño se expone en España y quien desee verla debe darse prisa, pues la obra estará en muestra sólo hasta el 18 de agosto.




viernes, 5 de agosto de 2011

De Madrid al Cielo




Mientras  volvía a casa este mediodía, sufriendo el calor y el sol de justicia, pensaba que el clima del infierno debe de ser muy similar al de Madrid…probablemente, sus pobladores también, ¡Jajajaj! Yo, al igual que Mark Twain, soy de la opinión de que “el Paraiso lo prefiero por el clima, el Infierno por la compañía”. 

MADRID a mí NO ME MATA, a mí ME REGENERA. ¡Cuánto me gusta esta ciudad! Cañalla y divertida, cosmopolita y castiza, madre adoptiva de gentes venidas de todas partes, de España y del mundo. Adoro pasear por sus calles, ensimismándome en ocasiones con su arquitectura; en otras, observando la variopinta fauna urbana que la puebla. Madrid es un fascinante y entretenido “melting pot”, una ciudad acogedora y tolerante, de mente abierta y curiosa, que te atrapa en su seno, que te seduce y te embruja. Madrid, la ciudad donde las cañas saben más ricas, donde hasta los mendigos (algunos) tienen guasa, donde se respira vida y frescura. Madrid es alegría, es fiesta, es luz, es cultura, es belleza. Caótica y bulliciosa, ha sabido preservar sus remansos de paz, sus escondites más o menos secretos que acogen a quien huye del mundanal ruido. Siempre hay un museo con pocos visitantes, que permite el disfrute en la intimidad; siempre hay un café con pocas mesas ocupadas, una plaza de barrio, un sendero poco transitado.





Llevo ya casi siete meses aquí y cada día que pasa me enamora un poco más. Como el buen amante, sabe sorprender cada día, evitando así el tedio y la rutina. Basta cambiar el recorrido, caminar por una calle diversa. Creo que es mi ciudad. Incluso ahora, con este calor sofocante y soporífero que obliga a la indolencia, que me priva de las ganas de salir a la calle, a mí que soy más callejera que un gato. Me encanta el hecho de sentirla una ciudad “a medida del hombre”: a pesar de sus extensión y número de habitantes, Madrid no da la sensación de ser una metrópolis donde todo es prisa y estrés, donde uno se siente apocado y solo. No, Madrid ha sabido conservar la identidad de sus barrios, con su ambiente afable y familiar, tan diversos entre sí que bien pudiera existir incluso diferencia horaria. Me fascina el cielo madrileño, que parece pintado a pinceladas; sus puestas de sol, con esa luz amarilla que envuelve la ciudad en una atmósfera casi metafísica. “De Madrid al cielo,” que es hacia donde me encanta mirar, para descubrir las muchas esculturas que culminan los edificios singulares de la ciudad y que son, ellas también, habitantes de Madrid, con un apartamento en las nubes (me pregunto si las de ellas también serán estudios de 22 metros cuadrados).

Madrid es una ciudad fotogénica, pero no por perfecta, sino por su cautivadora perfecta imperfección. Me encantan sus contrates, visualizo una fotografía casi a cada instante: sus rincones, el pequeño concierto improvisado callejero, el afilador (¡cuántos recuerdos de la infancia me vienen al escuchar el sonido del chiflo), los personajes–iconos de la ciudad (como los dos gemelos roqueros que están siempre en la Gran Vía, entre Tres Cruces y Montera), el barquillero, los artistas, los miembros de las diferentes tribus urbanas, los turistas, los locales, los gatos y los madrileños de adopción. Tantos y tantos lugares que te atrapan, tantas cosas por hacer, tantos amigos por hacer. 

Madrid encandila por su fuerte y siempre sorprendente personalidad. Me entran ganas de ahorrarme las palabras para dejar hablar a las  imágenes, que hablan por sí solas. Y dicho esto, me voy a vagabundear por sus calles cámara en ristre.


domingo, 1 de mayo de 2011

Black Swan

La búsqueda de la belleza absoluta, de la perfección; el deseo de alcanzar lo sublime, cueste lo que cueste. El ballet consiste en ésto. Los bailarines se convierten en obras de arte en carne y hueso que sacrifican su vida para ofrecernos ese espectáculo único que nos hace emocionarnos, vibrar, que nos transporta y hechiza. Esos cuerpos escultóricos son su medio de expresión. A diferencia de otros artistas, que recurren al pincel o al cincel para acometer sus obras, los bailarines esculpen sus propios cuerpos, que con sus movientos nos transmiten toda la pasión que llevan dentro. Sólo unos cuantos elegidos llegan al culmen de la belleza.

Black Swan, la última película de Darren Aronofsky es una auténtica obra maestra. Y Natalie Portman está sublime en su papel, un personaje sin duda complejísimo. El yin y el yang llevados al extremo.
Nunca una película me había impactado tanto. Salí del cine con un terrible Síndrome de Stendhal: sintiendo una presión en el pecho, falta de aire y una necesidad imperiosa de silencio e introspección.
La obsesión por la belleza puede ser letal. Su búsqueda puede ser fatal.

sábado, 30 de abril de 2011

LA JOIE DE VIVRE. JUGANDO A CAPTURAR LA FELICIDAD

¿Quién no desearía detener el tiempo para  perpetuar al infinito un instante de felicidad? Capturar un momento alegre, despreocupado. Convertirse en el guerrero que preserva y protege un delicioso lapso de júbilo frente al cruel e inexorable tiempo, que tan rápido nos lo arranca de las manos.


La expresión francesa "la joie de vivre" define a la perfección la sensación que transmiten las fotos de Jacques Henri Lartigue, que se pueden ver en CaixaForum Madrid hasta el 19 de Junio. Sus bellísimas fotografías son una invitación al disfrute de la vida, a la ligereza, a la diversión, a la amistad y al amor, a los pequeños placeres que hacen que nuestra existencia sea más liviana. 


Jacques Henri Lartigue se inició en el arte de la fotografía con sólo seis años, de la mano de su padre, fotografo aficionado, quien dos años más tarde le regaló su primera cámara fotográfica. A partir de ese momento, el capturar la vida se convirtió en una suerte de deliciosa obsesión para Lartigue que, además de ir siempre acompañado de una cámara fotográfica, escribió a lo largo de toda su vida un diario en el que dejaba constancia, no sólo de todo cuanto hacía, inclusive algo aparentemente tan poco relevante como es dormir, sino también del tiempo atmosférico. 


Lartigue, hedonista y amante del lado lúdico de la vida, convierte también en juego la fotografía: experimenta y descubre encuadres diferentes, motivos. Quiere captar todo lo que le produce dicha y le pone de buen humor: los coches, los deportes (en estos años el deporte se puso de moda entre las clases acomodadas), las mujeres, los viajes...Le fascina capturar a las personas saltando, plasmar ese momento en que nos queremos asemejar a las aves, en que nos convertimos casi en algo etéreo y libre. El salto, el levantar nuestro cuerpo en el aire, alzando los pies del suelo, es lo contrario a tener los pies en la tierra: saltar es dejar de lado la sensatez y racionalidad para dejarse embriagar por una apasionada ligereza.


Viendo sus fotografías uno se da cuenta de que Lartigue fue, sin duda, un privilegiado. De familia acomodada, tuvo al alcance de la mano todo lo necesario para poder disfrutar al máximo de la vida y de sus placeres. Hay, sin embargo, muchas personas que tienen igualmente una vida regalada y no saben apreciarla. Lartigue, por el contrario, degustó la vida al máximo; sonrió a una existencia que le sonreía.


Este gran amor por la vida, le llevó a desear conservar cada momento. Cuando recibió su primera cámara fotográfica, de hecho, Lartigue afirmó: "Podré fotografiarlo todo. Todo. (...) Ahora quizás ya no me entristezca regresar a París porque podré llevarme los retratos del campo". ¿Y quién de nosotros no desea congelar un instante feliz, un lugar especial para nosotros, una persona querida? Lartigue lo hace y, gracias a este deseo suyo de eternizar lo efimero, nos vemos contagiados de su misma alegría y pasión por la vida. 









domingo, 10 de abril de 2011

Hay una vez El Circo...



...que alegra siempre el corazón...Osea, el Cirque du Soleil, el circo de los circos contemporáneos. Hay diversos y muy buenos, pero ninguno consigue transportarte al candor y a la ilusión de la infancia como el Cirque du Soleil.

El simple gesto de cruzar el umbral de la puerta de acceso, para adentrase en el gran chapitel, es mágico. Nada queda de las carpas casposas y depresivas de los circos de antaño; todo es belleza y elegancia, todo es etéreo y, contemporánemente, lleno de fuerza y energía.

Incluso cuando el argumento de Corteo es la muerte, el circo está lleno de vida y color. Corteo (cortejo en italiano)  representa el funeral de Mauro, el payaso muerto, quien vive su cortejo fúnebre y se muestra lleno de vida en el limbo. Sus amigos le rinden un tributo lleno de júbilo y hacen al espectador partícipe del mismo. La alegría de la que dotan a un evento tan trágico como es la muerte, hace que al evocarla me venga a la mente Il Carrozzone, di Renato Zero, que se despide de la existencia entonando un "bella è la vita che se ne va¨.

Corteo te hace reír y llorar, te conmueve y emociona. Creo que con este espectáculo el Cirque del Sol ha alcanzado la perfección. Lo considero el mejor de cuantos he visto.

Como siempre, uno sale de la sala con la sonrisa grabada y el corazón sonriendo. Gracias por regalarnos tanta magia y belleza.

http://www.cirquedusoleil.com/es-es/shows/corteo/show/about.aspx

martes, 7 de diciembre de 2010

"on&on" o la belleza de un instante


En un mundo donde todo está monitorizado, donde todo parece estar bajo control, hay cosas que se nos escapan de las manos. Como el tiempo, que se desliza, silencioso, entre nuestros dedos. Tempus fugit, ergo carpe diem!!

La magnífica y sorprendente exposición de la Casa Encendida (hasta el 16 de Enero de 2011), bien podría haberse subtitulado "La belleza de un instante", o "La magia de un instante". Comisariada por Flora Fairbairn y Olivier Varenne, la muestra reune la obra de 14 artistas de distintas generaciones y nacionalidades. Bajo el hilo conductor de lo efímero en el arte, cada uno de éstos nos ofrece su personal interpretación de la brevedad de un instante, de una sensación, de la vida misma. 

Hay obras que mutan con el pasar del tiempo, por lo que la espectador que acuda en diferentes momentos podrá observar los cambios. La cripta de Michel Blazy alude a la duplicidad e inseparabilidad de la vida y la muerte: el esqueleto, realizado con harina y huevo, está destinado a desaparecer, consumido por los microorganismos que pueblan el sepulcro. "Dowtime", la instalación de Claire Morgan realizada con fruta fresca, se refiere tanto a la idea de parar el tiempo, como al paso de éste: la imagen es un instante congelado, pero las fresas, que a la apertura de la exposición colgaban frescas, están ahora podres.  "The Conference", de Steiner and Lenzlinger, se plantean si la tecnología nos domina a nosotros o somos nosotros los que la dominamos a ella: los cristales, metáfora de nuestra conciencia, van creciendo hasta invadir todo el espacio de la mesa de reunión, poblada de ordenadores portátiles y de teléfonos móviles. 

Hay otras obras (las más bellas, en mi opinión) que capturan un instante. Me he quedado literalmente fascinada contemplando, o mejor dicho, adentrándome, en "In silence", de Chiaru Shiota, instalación donde se percibe el acusado sentido estético propio de la cultura nipona. Al traspasar la puerta de cristal, se accede a una gran sala blanca, con el característico entramado de lana negra de la artista, similar a una tela de araña que nos atrapa. Shiota congela un recuerdo de su infancia: un piano quemado que se ha quedado mudo. Ante un público de sillas quemadas que esperan, en vano, el comienzo del espectáculo, la artista recurre a las cuerdas negras para dibujar el sonido del piano, para devolverle la voz. Onírica la sala donde comparten espacio Anya Gallaccio y Tino Seghal: entrar en ella es como hacer una inmersión en una película de David Lynch. (Evito entrar entrar en detalles para no privar de la sorpresa a quien aún no haya visto la exposición). Céleste Boursier-Mougenot nos ofrece una prodigiosa experiencia multisensorial, con un delicioso grupo musical de pájaros diamante mandarín que tocan diferentes instrumentos: los músicos de la naturaleza haciendo música instrumental para el deleite del espectador de tan inusual performance.

Se sale de la exposición con la sonrisa en los labios y la impresión de haber vivido un instante mágico. Y uno se propone romper de vez en cuando con el frenesí del mundo moderno para prestar más atención a las pequeñas cosas y saborear los momentos. Porque cada momento es único.

jueves, 4 de noviembre de 2010

El tormento y el éxtasis de Michelangelo. La gloria y el éxtasis de quienes visitan la Sixtina

http://www.vatican.va/various/cappelle/sistina_vr/index.html

Cuando, finalmente, conseguí realizar mi sueño de visitar la Capilla Sixtina, las lágrimas de emoción asomaban a mis ojos. La frecuencia con que este "capolavoro" del arte mundial se representa, tanto en reproducciones, como en libros, revistas, cine, etc,...hacían que el ciclo de frescos más impresionante del mundo, el trabajo en el que el gran genio florentino se dejó (literalmente) la salud fueran algo extremamente familiar para mí. Un poco como sucede con NY, que aunque no hayamos estado nunca nos da la impresión de haber recorrido sus calles y haber visto su elevado perfil vertical una infinidad de veces.
Pues bien, retomando el hilo del discurso, el día que emboqué los inmensos Museos Vaticanos y estaba a punto de penetrar en ese pequeño cofre colmo de arte que es la Sixtina (cuya arquitectura evoca el Templo de Salomón), sentí un hormigueo de emoción similar al que uno nota cuando está enamorado. En realidad, no es algo de extrañar, pues mi gran amor, mi pasión, es el arte.
Traspasé el umbral que daba acceso y allí estaba, en todo su esplendor tras la última restauración, el magistral e inigualable ciclo de pinturas.  Botticelli, Perugino, Ghirlandaio....Y Michelangelo, el gran Michelangelo, que quién sabe cuánto habrá amado y odiado el ingente y arduo trabajo de decorar metros y metros cuadrados con escenas bíblicas, trabajo que le supuso un sacrificio casi religioso.
¡Lástima que nuestro cuello no sea telescópico y que no podamos acercarnos para ver al detalle sus pinturas! Abandoné la capilla a desgana, pues deseaba quedarme allí para siempre o, al menos durante unas cuantas horas o días, para impregnarme de tanta belleza, para aprehender cada mínimo detalle (y con dolor de cuello a fuerza de haber estado largo rato mirando hacia arriba).
Hoy, gracias a las nuevas tecnologías, podemos "viajar" a la Capilla Sixtina y emocionarnos contemplando al detalle su magnífica decoración.

lunes, 25 de octubre de 2010

¿Creéis en la magia?

Durante muchos años hemos visto  el circo como algo decadente, con payasos tristes de trajes raídos y animales enjaulados, famélicos y maltratados, con carpas polvorientas y ajadas. Luego ha llegado el circo contemporáneo, que como un soplo de aire fresco ha restituído todo su esplendor a este espectáculo para niños y grandes: los vestuarios se han vuelto fabulosos, las músicas creadas ad hoc como parte integrante del espactáculo, los números mágicos, capaces de emocionar al más ferviente detractor del circo. Empezé a amar esta forma de arte con el Cirque du Soleil, que nos regala siempre momentos de indescriptible belleza y emoción y me hacen sentirme una eterna niña que mira boquiabierta el universo mágico que se desarrolla bajo enorme  carpa blanca circense. Mi pasión por el circo contemporáneo se ha reafirmado tras ver PSY, de Les 7 doigst de la Main y ahora descubro esta nueva y maravillosa compañia: el Cirque Eloize.
Nebbia, o cómo la belleza puede emocionar hasta las lágrimas...El Cirque Éloize, en colaboración con el Teatro Sunil, nos regala un espectáculo sublime, de una perfección estética que consigue tocar el alma y el corazón, esas partes del ser humano destinadas a sentir.
Nebbia (Niebla en italiano) habla sobre eso: la niebla. Ese fenómeno atmosférico que nos hace percibir las cosas de otra manera, de un modo casi irreal, que desdibuja los contornos y nos da la impresión de vivir un sueño. Un sueño bellísimo.  La belleza del circo contemporáneo ha logrado despojar al circo de su capa de caspa, de tristeza y decandencia, para restituírnoslo en pleno esplendor, más bello que nunca. Como decía, Nebbia logra la perfección estética: con unas coreografías maravillosas ejecutadas a la perfección, una escenografía y una música mágicas, que recuerdan a las películas de Fellini, logran sumergirnos en el fantástico universo ideado por Daniele Finzi Pasca.
Uno sale del teatro con el corazón sonriendo. En este mundo con frecuencia tan feo, tan lleno de miserias y desgracias, es de agradecer que aún existan cosas capaces de devolvernos la capacidad de soñar.
http://www.cirque-eloize.com/en/shows/nebbia